La orden del presidente Donald Trump de bombardear la red eléctrica y puentes civiles en Irán tras el cierre del Estrecho de Ormuz plantea un conflicto directo con el derecho internacional humanitario. El ultimátum, con vencimiento a las 20:00 horas del este (23:00 GMT), fija a la infraestructura no militar como objetivo táctico de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.
El Estatuto de Roma y las convenciones de Ginebra establecen que la destrucción deliberada de instalaciones que garantizan la supervivencia de la población civil constituye una violación a las leyes de la guerra. Atacar plantas generadoras de energía afecta indiscriminadamente hospitales, sistemas de bombeo de agua y comunicaciones de emergencia.
La justificación de la Casa Blanca para esta acción unilateral se sustenta en la necesidad de forzar la reapertura del Estrecho de Ormuz, un punto de estrangulamiento económico. Sin embargo, expertos en derecho bélico señalan que el bloqueo de una ruta comercial no exime a los ejércitos de adherirse al principio de distinción entre objetivos militares y civiles.
El Congreso de los Estados Unidos no ha emitido una Autorización para el Uso de la Fuerza Militar (AUMF) que avale una campaña de esta naturaleza contra la República Islámica de Irán. La ejecución de estos ataques recaería en las prerrogativas ejecutivas del Comandante en Jefe, desatando cuestionamientos sobre la constitucionalidad de una guerra preventiva de tal escala.
Registros de operaciones previas del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) indican que la clasificación de «infraestructura de doble uso» suele emplearse para justificar impactos en puentes y redes eléctricas. No obstante, las declaraciones públicas de Trump advierten sobre un castigo punitivo dirigido explícitamente a alterar la vida cotidiana de 90 millones de iraníes.
La postura de la presidencia estadounidense, que amenaza con consecuencias para «toda una civilización», eleva el escrutinio sobre las reglas de enfrentamiento que deberán acatar los pilotos y operadores de misiles de crucero. Los manuales operativos del Pentágono exigen una evaluación de proporcionalidad antes de autorizar cualquier ataque.
El rastreo de las consecuencias financieras y humanitarias de una operación de esta índole obliga a los organismos multilaterales a preparar expedientes de contingencia. Las organizaciones de vigilancia legal advierten que la orden de ataque documentada públicamente servirá como evidencia en potenciales procesos de rendición de cuentas a nivel internacional.