El indicador agregado Poll of Polls sitúa la aprobación presidencial de Claudia Sheinbaum en un 72 por ciento, frente a un 27 por ciento de desaprobación ciudadana. Los datos, que compendian las mediciones desde el último mes de 2024, establecen un patrón de estabilidad en la opinión pública mexicana durante la actual etapa del ciclo político nacional.
Desde una perspectiva comparada, el nivel del 72 por ciento muestra una continuidad en la hegemonía electoral del movimiento gobernante. Este porcentaje empata con los promedios más altos registrados durante el sexenio de su predecesor, sugiriendo una transferencia efectiva del capital político y la consolidación de una base social de apoyo estructural.
La disciplina demoscópica utiliza la herramienta del Poll of Polls para comprender macro-tendencias. Al eliminar el «ruido» estadístico de los levantamientos individuales, el modelo revela que el electorado mexicano ha adoptado una postura definida frente al gobierno, con escasa migración de preferencias entre los bloques de aprobación y rechazo a lo largo del año 2025.
El bloque del 27 por ciento que conforma la desaprobación ilustra la configuración del espectro opositor en México. La rigidez de esta línea, que apenas experimentó variaciones milimétricas a mediados del año pasado, indica la existencia de un segmento poblacional con un rechazo consolidado, impermeable a las estrategias de comunicación gubernamental.
En el contexto regional latinoamericano, mantener índices de aprobación superiores al 70 por ciento durante el segundo año de mandato es una anomalía estadística. La mayoría de los ejecutivos del hemisferio enfrentan un desgaste acelerado de su popularidad tras los primeros doce meses de gestión, fenómeno conocido en la ciencia política como el fin de la «luna de miel».
La dispersión de los puntos de datos (representados por los marcadores verdes y naranjas en la gráfica) evidencia la alta polarización metodológica de algunas agencias, que llegaron a reportar aprobaciones cercanas al 90 por ciento o desaprobaciones por debajo del 15 por ciento. El promedio ponderado corrige estas desviaciones para ofrecer una lectura sociológica objetiva.
La persistencia de estos indicadores demoscópicos reconfigura el mapa de expectativas para la segunda mitad del sexenio. La capacidad del Ejecutivo para mantener el 72 por ciento dependerá de la evolución de las variables macroeconómicas y los resultados tangibles en las políticas de bienestar social y pacificación territorial.